Empezar por la dignidad
Reconocer el propio valor es la condición para reconocer el de los demás.
Que alguien no vea el valor de una persona no significa que esa persona no lo tenga. La dignidad no se otorga: se reconoce.
Toda nuestra obra parte de ahí. Reconocemos la soberanía de cada quien sobre su casa, su tierra y su obra — y pedimos, exactamente, el mismo trato. No se puede exigir respeto y negarlo al mismo tiempo.
Empezar por la dignidad no es un gesto sentimental: es el fundamento jurídico y humano desde el cual se puede reparar un daño y construir algo que dure.
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